miércoles, 9 de marzo de 2011

Cinquecento. Escultura

Características

En la escultura del Cinquecento aumenta la reproducción de obras clásicas debido a la tendencia a la idealización, a lo grandioso y a la mayor preocupación por el cuerpo humano. Es importante destacar que a principios del siglo XVI son descubiertas las Termas de Tito en Roma, donde se halló el Laoconte, que influye decisivamente en el estilo del principal autor del siglo, Miguel Ángel, el gran genio del renacimiento, destacado arquitecto, escultor y pintor.
Como escultor podemos destacar como características esenciales:
  • Fuerza expresiva, dinamismo, dramatismo
  • Dominio anatómico
  • Figuras llenas de vitalidad, con fuertes torsiones (serpentinata) 
  • Demostración de gestos y actitudes en sus figuras (terribilitá).
  • Fuerte influencia clásica. 
  • Materiales: bronce y mármol preferiblemente. 

Miguel Ángel: el poder de la perfección


Piedad
Vaticano
Miguel Ángel.

La Piedad es una escultura realizada por Miguel Ángel Buonarrotti, uno de los artistas más significativos del cinquecento. Fue un excelente escultor, pero cultivó también la arquitectura y la pintura.
Se trata de un grupo escultórico sedente y realizado en mármol. Miguel Ángel lo esculpió siendo aún muy joven, en 1498-1499. Es la única escultura que firmó el autor, debido a que en la época hubo la sospecha de que no hubiera sido hecha por él. Actualmente se conserva en la iglesia de San Pedro del Vaticano, en Roma.
Representa a la Virgen María que sostiene en su regazo al Hijo muerto. María está representada como una mujer joven y bella, con la intención de plasmar así el ideal de belleza renacentista. De hecho, ella resulta tener un aspecto más joven que Jesús. La figura de Cristo es, además, proporcionalmente más pequeña que la de la Virgen. Así el autor expresa la relación de filiación y no altera la geometría de la composición en forma de pirámide, muy empleada en el Renacimiento.
No hay manifestación alguna de dolor. La Virgen transmite, en cambio, resignación en la actitud piadosa que adopta. El equilibrio entre las figuras es patente y la obra respira lirismo e idealismo.
Se aprecian varios contrastes que crean una armonía visible. En primer lugar, las líneas quebradas que forman el eje de la figura de Cristo contrastan con los pliegues amplios y curvilíneos del vestido de María. También se contraponen la fuerza del brazo izquierdo de la Virgen con el brazo de Jesús muerto, que cae inerte. El modelado de la escultura es magnífico. Las ropas resbalan y los pliegues se doblan creando un juego de luces y sombras que confieren volumen a toda la figura. Un volumen que viene también configurado por las vigorosas formas anatómicas que caracterizan todas las esculturas de Miguel Ángel.
La obra responde a las características del Renacimiento, sobre todo en lo que se refiere a la búsqueda de la belleza y al interés por la representación del cuerpo humano.


EL DAVID
Mármol. S.XVI
Arte del Renacimiento. Miguel Ángel Buonarroti
 Museo de la Academia. Florencia.


ANÁLISIS
La escultura que comentamos representa a un hombre joven en actitud de marcha, con la mano izquierda sobre el muslo correspondiente en ademán de agarrar una piedra, mientras que con la opuesta sujeta los extremos de una honda que se desliza por el hombro izquierdo. Su frontalidad es sólo aparente, pues el leve giro de la cabeza obliga al espectador que la contempla a cambiar su punto de vista que, igualmente, se inclina hacia el mismo lado izquierdo.
Toda la obra respira un aire clásico: la curva inguinal, la preocupación por la musculatura o la propia orientación temática parecen confirmar dicha afirmación. No obstante, una observación atenta de sus rasgos corporales, gestos o expresión del rostro (terribilitá), ponen al descubierto una gran tensión.
La escultura, de 4,10 m de altura lleva la mano izquierda a la honda, que cae sobre el hombro y la espalda, mientras que el brazo derecho pende verticalmente. La cabeza se mueve también hacia la derecha, ofreciendo el perfil al espectador que mira frontalmente. Una pierna, ligeramente doblada, avanza hacia delante, mientras la otra, tensa, obliga a una ligera comprensión del torso, a la manera de algunos kouroi griegos. La obra está hecha para ser vista de frente y tiende a marcar lo desmesurado de las proporciones: la mirada se desliza por las piernas y el tronco hasta alcanzar el gesto contenido del rostro, consciente del eje sobre el que gira, del que es ligeramente excéntrica.
Las características del bloque eran una dificultad a superar, pero también una condición que el artista aceptaba ya que le permitía concentrar en la imagen la máxima energía, e incluso concebir la figura del héroe en el momento de la concentración de la voluntad en vistas a la acción a ejecutar. El artista no representa la acción, sino la tensión interior que precede el desencadenamiento del acto. La figura está en tensión: la pierna derecha, sobre la que se apoya, el pie izquierdo que se aleja, la mano con la honda, el codo doblado, el cuello girado..., ningún miembro está estático o relajado; sin embargo, se rompe cualquier sensación simétrica (equilibradora) con una mayor tensión del brazo y pierna izquierdos.
Frente a la técnica del modelado previo en escayola o cera, Miguel Ángel prefiere el cincelado directo a partir de la piedra. «Empezaba desde la parte frontal del bloque de mármol y descubría la figura a medida que avanzaba en profundidad, como si estuviera esculpiendo un friso. El mismo afirmó en alguna ocasión que presentía la forma final en el interior del bloque pétreo: «Yo sólo quito lo que sobra, la estatua ya está ahí». Son palabras que la tradición le atribuye.

COMENTARIO
En el estilo de Miguel Ángel se encuentra ya todo el manierismo posterior a él, y en su germen, el estilo barroco. Recientemente se ha señalado que el David «puede considerarse como la síntesis de los ideales del Renacimiento florentino. El artista expresa la vibración de los huesos, arterias y músculos bajo la piel, hasta producir un efecto dinámico. Es la sensación de vitalidad interna de un cuerpo en continua tensión.
Esta manera de concebir las formas corporales supone un alejamiento del clasicismo en favor de la expresividad. Miguel Ángel se aleja de los cánones clásicos para mostrar la tragedia interior del personaje y dotarlo de la 'terribilitá' que, en adelante, caracterizará la práctica totalidad de sus obras. El David «constituye, pues, una de las más claras vulneraciones de la normativa clasicista», lejos de la pretensión del «estilo único» defendido por Leonardo. Lo cual no hace sino poner de manifiesto la contemporaneidad del escultor florentino.

Y, como siempre, un vídeo... resumen de toda la escultura del Renacimiento




Escultura del Renacimiento por ramtari

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